La audacia de la Esperanza

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Empecemos por el final. En 2006, Barack Obama publicó su segundo libro, La audacia de la esperanza: cómo restaurar el sueño americano (Península). No he leído ese libro. No puedo asegurar si en sus páginas Obama confirma lo que se dice por ahí: que el hoy presidente escuchó la expresión «la audacia de la esperanza» -y la hizo suya como lema de su propuesta a los norteamericanos- al asistir a un sermón en el que el predicador la utilizó glosando un lienzo de George Frederick Watts, La Esperanza. Ese cuadro está ahora expuesto en CaixaForum de Madrid, dentro de la exposición dedicada a William Blake.

La apabullante exposición sobre el pintor, grabador y poeta británico William Blake (1757-1827) es doblemente apabullante por su complemento. Breve, pero espléndido. Titulada Visiones en el arte británico, acoge en su tramo final la herencia de Blake, obras de los pintores ingleses influidos por Blake. Ahí entran unas pocas, pero hermosas piezas de Los Antiguos, los prerrafaelitas -hay algo, sí, de Dante Gabriel Rossetti- y los neorrománticos. Y ahí aparece Watts, el gran pintor simbolista.

Para sorpresa del visitante, lo que se expone de Watts -considerado la mayor figura de la pintura de la era victoriana-, no es cualquier cosa. Ahí están, imponentes y bien individualizados, dos de sus lienzos más importantes, Mammon y, sobre todo, La Esperanza. ¡Es un inesperado regalo!

Después de ver la exposición, he leído mucho en estos días sobre G.F. Watts (1817-1904), incluyendo el libro que Gilbert Keith Chesterton le dedicó. No quisiera robar a nadie una idea, y menos a Chesterton -me temo-, coincidente con una impresión que tuve ante La Esperanza: creí estar ante La Desesperación.

No dejen de ver ese cuadro. Una muchacha pelirroja, sentada sobre un globo terráqueo y vestida con una arrugada túnica verdosa que se le pega sensualmente al cuerpo, se inclina sobre una lira que sujeta y que, tal vez, trata de tocar. Resulta que la chica tiene los ojos vendados y, lo que es peor, la lira sólo tiene una cuerda.

Tate, dije yo, precipitadamente, esta es una alegoría amarga, triste y pesimista: Watts piensa que la Esperanza es ceguera e inutilidad. ¡Cómo hacer música con una lira rota, de una sola cuerda! Alegoría, sí -Watts pintó muchas-, pero mi interpretación fue, al parecer, totalmente errónea. ¡Ah, la estupenda ambivalencia del auténtico arte! La intención de Watts era otra: la Esperanza consiste en, aún sin poder ver nada, seguir intentando extraer algún sonido de una lira rota y de una sola cuerda, alguna música que nos conforte. Esa es «la audacia de la esperanza», que Obama pilló al vuelo y que, en fin, tal vez nos pueda servir de algo en este momento de oscuridad y liras rotas. Escribió Chesterton: «La Esperanza tiene rotas todas las cuerdas de su arpa menos una, sin la cual es imposible vivir». Discutible, pero interesante.

La Esperanza tuvo dos versiones hacia 1886 y formó parte del gran proyecto pictórico de Watts, que no pudo culminar: «La Casa de la Vida». Watts viajó largamente por Italia en los años 40, aprendió mucho de Giotto y de Miguel Ángel y soñó con hacer su propia Capilla Sixtina. «La Casa de la Vida» sería, en un espacio o edificio público, la concentración de un conjunto de cuadros, de aliento épico, que recogieran y simbolizaran los grandes impulsos y sentimientos vitales.

Fue Watts conservador en lo político, audaz en su pintura y persona de una religiosidad intensa -que se percibe en sus cuadros-, aunque sincrética, muy personal y -como en Blake- mística y heterodoxa. Watts vivió siempre en presencia y con conciencia de la muerte. Chesterton opina que, en realidad, era un racionalista (en conflicto, me permito añadir) y que la suya era una piedad pagana.

Chesterton escribió también otro libro sobre William Blake, publicado en castellano por la misma editorial, Espuela de Plata. Dios los cría y ellos… La Esperanza, lo que son las cosas, acapara la portada del libro sobre Watts. El título no le dio quebraderos de cabeza: G. F. Watts. Chesterton publica su libro en 1904, y escribe en la primera línea: «George Frederick Watts nació el 23 de febrero de 1817, y vive aún». Antes lo dice…Watts murió meses después, y Chesterton escribió dos obituarios que se incorporaron a las sucesivas ediciones.

Tienen que leer este libro, vaya. Chesterton no sólo se extiende en él sobre La Esperanza, sino también sobre Mammon (1884), que está situado enfrente, si no recuerdo mal, en CaixaForum.

En Mammon aparece una especie de ogro brutal, sentado en una silla con dos calaveras en el respaldo. Sostiene en su regazo una bolsa de monedas. Sobre sus rodillas y a sus pies, hay inermes dos jóvenes desnudos. Tal vez se acercaran a venerar al déspota y ahora yacen sojuzgados. Y es que Mammon es el dios demoníaco del Dinero, el tirano del Comercio. Ambrose Bierce, en su Diccionario del Diablo, dijo que Mammon era el dios de la religión más extendida del mundo, cuyo gran templo está en Nueva York: el Dinero. Mammon es la figura aludida en el Evangelio de San Mateo cuando se dice aquello de que «no podéis servir a dos señores, no podéis servir a Dios y al dinero». O sea, a Dios y a Mammon. En fin, Watts y la rigurosa actualidad.

Watts se casó en primeras nupcias, en 1864, con una muchacha de 16 años que lo admiraba. Error. La chica lo abandonó a los 10 meses. Esta joven, Ellen Terry, tuvo después una vida sentimental de lo más turbulenta, pero el caso es que llegó a ser una grandísima actriz, una gloria nacional, la mejor intérprete de Shakespeare de su época.

Watts se volvió a casar, en 1886, con una mujer -son manías que tienen algunos- 37 años más joven que él. Esta vez acertó plenamente. Mary Fraser Tytler, listísima y guapísima, era una excelente artista simbolista, diseñadora y ceramista. Esta extraordinaria mujer hizo, entre muchas otras, dos grandísimas obras. Después de haber vivido en Londres, la pareja se instaló en Compton. Mary diseñó y construyó la Capilla Watts, una capilla mortuoria para su marido (no se admiten risas) y se ocupó de levantar la Galería Watts, amplísimo y precioso edificio que acoge mucha obra del pintor, cursos, jóvenes becarios y todo eso. Ambos lugares, muy próximos, pueden visitarse hoy mismo.

La audacia de la Esperanza
GEORGE FREDERICK WATTS
Importantes obras suyas en la muestra sobre William Blake

27/07/2012 MANUEL HIDALGO

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